Entrevista con la bióloga y ecoacústica Eloïsa Matheu: "Aprender a escuchar es una forma muy sencilla y emotiva de observar y conectar"

Eloïsa Matheu es especialista en la divulgación de los sonidos de la naturaleza como herramienta para la conservación. Una de las pioneras en su campo, se inició en 1987 en la grabación de las vocalizaciones de las aves y sus repertorios, y muy pronto se interesó por el potencial de los paisajes sonoros. En 1992 funda el sello discográfico Alosa, sonidos de la naturaleza y publica las primeras guías sonoras de identificación en España, sobre aves, anfibios, mamíferos y ortópteros, además de paisajes sonoros de diferentes biomas. 

¿Me podrías decir tu nombre, tu profesión y cargo hoy en día?

Eloisa Matheu de Cortada, soy bióloga, grabadora de sonidos de la naturaleza o audionaturalista freelance.

¿Desde cuándo haces grabaciones de campo y cómo empezó tu pasión?

Empecé a grabar en 1987, de manera muy rudimentaria. Pero pronto me animé a adquirir un equipo algo más profesional y no había salida de campo que no lo llevara conmigo. Así empecé a grabar cantos y llamadas de las aves, realizando numerosas salidas al campo y visitas por muchas áreas de interés de la península, incluidas las Islas Canarias y las Baleares. Escuchar, grabar la naturaleza, descubrir nuevos sonidos en cada salida, fue una pasión que me atrapó. 

Pronto descubrí otros sonidos, de anfibios, de insectos y sobre todo, los paisajes sonoros: el sonido de un encinar, una laguna, estepas del interior, percibir y ser consciente de cómo cada paisaje visual podía describirse por sus sonidos, es paisaje sonoro…Más adelante vino el deseo de compartir, de dar a conocer esos sonidos y así fue como empecé a publicar CDs como guías sonoras de campo y también paisajes sonorosente, deberíamos preguntarnos cómo será el planeta en 50 años, y francamente me cuesta imaginarlo, probablemente la biofonía, el componente sonoro procedente de la fauna en el paisaje sonoro, estará mucho más empobrecida (menos especies), será más uniforme o casi ausente en muchos lugares.

 

 

¿Has notado algún cambio desde entonces hasta ahora en tus grabaciones?

Durante los más de 30 años desde que me inicié en el trabajo de grabación se han producido enormes cambios en el paisaje, alteraciones y cambios profundos de usos, urbanismo desmesurado y especialmente infraestructuras viarias, autovías y carreteras que han abierto grandes brechas en extensiones de bosque o de espacios abiertos, tierras de cultivo que antes gozaban de una cierta tranquilidad y que ahora suponen barreras físicas y además introducen un elemento con el que nadie parece contar: el ruido, la contaminación acústica que alcanza a veces muchos quilómetros más allá del foco. Además, los cambios en la producción agraria también han modificado el paisaje, de explotaciones diversificadas, mosaicos de campos, márgenes, pequeños bosquetes, hemos pasado a extensiones enormes de monocultivos, con el uso de productos químicos para eliminar insectos, malas hierbas, acuíferos extenuados, etc. Y otro elemento que ha aparecido en los últimos años, la masificación de la naturaleza y sobre todo de los espacios naturales, a menudo sin respeto ni conciencia por el entorno.

 

Numerosos estudios están constatando la dramática reducción de las poblaciones de aves, especialmente de aquellas ligadas a los ambientes rurales, por desaparición de sus hábitats, desaparición de alimento y refugio.

Esta reducción del número de individuos y de especies, la masificación y el aumento del ruido, obviamente se refleja acústicamente. No hay lugar prácticamente donde poder grabar sin que el ruido de algún motor, por tierra o aire, aparezca en escena. La pandemia en este sentido fue un espejismo, pero hemos vuelto igual o más ruidosos que antes. El sonido de la naturaleza, el paisaje sonoro refleja la salud de los ecosistemas naturales.

 

¿Qué estás haciendo ahora en la Fonoteca? (explicar lo que haces, con qué materiales trabajas y de dónde vienen (donaciones, etc..)

Actualmente colaboro con el Museu de Ciències Naturals de Barcelona, desarrollando un proyecto de Digitalización y Dinamización de la Fonoteca. Se trata de recuperar y actualizar una colección de grabaciones analógicas de animales que se creó en el museo en el año 1983. Por entonces, este proyecto tan innovador pretendía crear una colección de referencia de grabaciones de fauna del país, a imagen de otras colecciones de sonidos de naturaleza europeas. Sin embargo, este proyecto se vio interrumpido durante los años 90.

Mi trabajo consiste en transformar la colección analógica, fundamentalmente en bobinas, en una colección digital, revisando y ampliando la documentación asociada a cada registro. A su vez, estoy aportando grabaciones propias para ampliar el listado de especies representadas. Y esperamos que en un futuro breve la fonoteca vuelva a estar abierta al público y pueda ser consultada online y a su vez recibir grabaciones aportadas por los usuarios.

 

¿Alguna curiosidad en cuanto a lo que vas descubriendo en las cintas?

La Fonoteca contiene grabaciones donadas por autores e instituciones británicas. Son grabaciones analógicas, realizadas en los años 60, 70 de muy buena calidad en muchos casos. Y tenemos una grabación de uno de los pioneros, Ludwig Koch.

 

 

¿Cómo podemos educar a los más pequeños a estar más conectados con la naturaleza? (desde el ámbito sonoro?)

Aprender a observar la naturaleza es la clave. Y aprender a escuchar es una forma muy sencilla y emotiva de observar, acústicamente, y de conectar. Practicar la escucha con los niños es divertido, a veces más fácil que con los adultos, los niños tienen una mente más limpia, con menos ruido y además tienen la capacidad de oír sonidos que nosotros no percibimos.

 

¿Cómo te imaginas el paisaje sonoro de una ciudad como Barcelona en 50 años? ¿Y del planeta entero?

Probablemente, las ciudades serán menos ruidosas, la electrificación del transporte está ya contribuyendo a reducir la contaminación acústica. Escucharemos mejor desde la ventana sonidos cotidianos no enmascarados por el ruido, como pasos, conversaciones, puertas… y espero que también las ciudades vayan evolucionando hacia entornos amables donde las aves puedan desarrollar sus ciclos vitales, encuentren refugios, lugares donde anidar y alimento suficiente y se escuchen sus cantos y llamadas.

 

El planeta está herido, y no va a ser fácil ni rápido reparar muchas de las fracturas que hemos creado. Los bosques tropicales que tan rápidamente se han destruido ya no se van a recuperar, son ecosistemas que se crearon y llegaron a su equilibrio a lo largo de centenares, miles de años. Demasiadas especies animales y vegetales están desapareciendo silenciosamente, otras aparecen y se desarrollan de manera invasiva muy lejos de sus lugares de origen. ¿Cómo será el paisaje sonoro en 50 años? Muy diferente del actual seguramente, deberíamos preguntarnos cómo será el planeta en 50 años, y francamente me cuesta imaginarlo, probablemente la biofonía, el componente sonoro procedente de la fauna en el paisaje sonoro, estará mucho más empobrecida (menos especies), será más uniforme o casi ausente en muchos lugares.

 

          «El planeta está herido, y no va a ser fácil ni rápido reparar       muchas de las fracturas que hemos creado (…) ¿Cómo será el paisaje  sonoro en 50 años? Muy diferente del actual seguramente,             deberíamos preguntarnos cómo será el planeta en 50 años.»

 
 

¿Qué 3 lugares naturales nos recomendarías para disfrutar de su paisaje sonoro?

Más que lugares, propongo ambientes y épocas. Los humedales, tanto en otoño, en invierno como en primavera, acogen una fauna muy diversa, aves acuáticas y aves que habitan en la vegetación circundante. Es uno de los ecosistemas que me producen más emoción. Tanto humedales costeros como lagunas interiores.


Los ecosistemas abiertos como estepas, desiertos, también son muy atractivos y ofrecen otra forma de escucha, más atenta si cabe, con sus silencios, sonidos lejanos.

El bosque, escuchar los últimos sonidos de la noche y los primeros y tímidos gorjeos, el despertar de las aves cuando el cielo comienza a clarear en primavera y dejarse llevar por la sinfonía de cantos que crean los pájaros a medida que se van sumando al concierto. Cuando sale el sol y al poco de elevarse sobre el horizonte, esta magia del amanecer se va desvaneciendo.


¿Nos podrías recomendar un documental, canción o libro referente al sonido y la naturaleza?

Como documental, Entre montañas, del jovencísimo Unai Canela, un trabajo de amor por la naturaleza realizado durante la pandemia y que se ha estrenado hace unas semanas a finales de 2021. Además, y no es por ello que lo recomiendo, tuve la suerte de colaborar en la banda sonora.

Viaje visual y sonoro por los bosques de España, de Carlos de Hita. Un libro para la contemplación, para escuchar y leer, en el que el bosque se cuenta a sí mismo a través de sus sonidos. La gran orquesta animal, de Bernie Krause, que captura los sonidos de la naturaleza desde hace muchos años y es un pionero en hablar de paisajes sonoros desde un punto de vista naturalista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *